Con una inflación en torno al 22% (IPC-Provincias) y un tipo de cambio deslizándose suavemente, el tipo de cambio real multilateral –Base dic 01=100- (TCRM) pasó de 1,85 a 1,72 entre diciembre 2010 y octubre 2011 y, estimamos que se ubicará en 1,54 en diciembre 2012. Esta dinámica del TCRM incide negativamente en el desempeño de las exportaciones de los sectores industriales, que se ven afectados en forma relativamente distinta dada la disparidad de productividades existente entre los mismos y la evolución de la moneda (y los precios internos) del país al que exportan, al tiempo que estimula una mayor competencia externa (importaciones) y deteriora la rentabilidad de las empresas locales.
Así, este dinamismo tiende a erosionar el superávit comercial poniendo en riesgo la solidez de mediano plazo del actual modelo económico-industrial. En los pasados intentos de industrialización del país se terminó en diversas crisis de balanza de pagos (“stop and go”), aunque en este caso el margen es mayor dado el elevado precio de las materias primas, el colchón de reservas internacionales y la sobre-valoración del real (super-real). En este contexto de creciente atraso cambiario, las recientes medidas aplicadas por el Gobierno Nacional apuntan a ejercer una creciente administración del comercio exterior y control del mercado de cambios. Concretamente se destacan:
(i) Mayores Licencias No Automáticas a las importaciones.
(ii) Liberación del cupo de exportación del trigo.
(iii) Mayor control cambiario (Afip).
(iv) Liquidación de las exportaciones de las empresas de minería y petroleras.
(v) Repatriación de las inversiones de las aseguradoras.
(vi) Designación de una secretaria de comercio exterior.
Pero estas medidas parecen ser parciales para hacer sustentable el modelo económico y el desempeño industrial, dado que funcionan nada más que para las importaciones (al margen de que genera fuertes conflictos comerciales, tales como el de China con el aceite de soja), mientras que para las exportaciones siguen vigente un tipo de cambio nominal que perjudica la performance de ciertos sectores. Así, las decisiones de política económica que podrían esperarse para paliar estas falencias del sector exportador son:
Primero, bajar la inflación, aumentar la competitividad de las empresas y buscar la sustitución de importaciones. Una menor inflación requerirá de menores incrementos salariales, como así también de un menor crecimiento del gasto primario y la oferta monetaria. Quizás la reciente decisión de limitar el aumento salarial a los peones rurales y la quita de subsidios a empresas y familias (de mayores ingresos) sean un punto de partida para ello, así como también las recientes declaraciones de la Presidenta de hacer “sintonía fina” y evaluar la competitividad empresas por empresa.
Segundo, aplicar un tipo de cambio diferenciado para compensar la sobrevaloración de los precios y costos industriales internos por encima de los internacionales. Según Diamand (“La estructura productiva Desequilibrada Argentina y el tipo de cambio”) una forma de efectuar ello es a partir de la aplicación de un tipo de cambio comercial y otro financiero. Otra opción podría ser efectuar una devaluación acompañada de una fijación de derechos a la exportación y una reducción de los derechos a la importación que no altere el tipo de cambio agropecuario ni el importador.
Tercero, Devaluar el peso argentino a riesgo de que se produzca una inflación cambiaria y una fuerte corrida hacia el dólar.
